Durante la etapa democrática, tras la muerte de Franco, miles de vascos han abandonado su tierra por la presión del terrorismo, ejercido por ETA, y del nacionalismo impuesto con la utilización desleal de todos los resortes del poder autonómico. Al exilio provocado por la Dictadura le sucedió, así, esta nueva diáspora democrática de los vascos que no se identifican con el nacionalismo y que dura ya tres décadas.
A la ausencia de los asesinados
por ETA (casi 900), de los heridos y mutilados (más de 3.000) que con sus
familias han dejado Euskadi, se une el exilio de los vascos (más de 200.000)
amenazados por ETA o asfixiados por la situación de falta de libertad e
impunidad legal y moral que ha propiciado el nacionalismo en el poder. En una
región de dos millones de habitantes estas cifras explican por
sí solas cómo se ha pervertido el sistema democrático hasta
crearse, gracias a sus fisuras legales, un “estado de excepción nacionalista”,
un "régimen político” de terror difícil de ser
superado en las urnas por su propia naturaleza alegal e intimidatoria. Por estos
motivos, los ciudadanos que nos hemos visto forzados a abandonar Euskadi, por
la presión directa o indirecta de ETA y el nacionalismo obligatorio, decidimos
unirnos como “Comisiones de la Diáspora vasca democrática”
para manifestar los siguientes puntos:
Manifiesto
1.- La presencia
en la sociedad vasca de ETA y de sus cómplices políticos
o financieros, penales o morales, la estigmatización política
y social del no nacionalista que lo manifieste, la arbitrariedad que
reina tanto en la administración como en los ámbitos profesionales
y laborales que dependen de las instituciones gobernadas por los nacionalistas,
así como el clientelismo, el nepotismo y todas las formas de corrupción
apoyadas directa o indirectamente en el terrorismo, ha constituido para todos
nosotros una amenaza más vaga o concreta que nos ha impulsado a abandonar
nuestra tierra. A muchos se nos hace sencillamente insufrible la idea de que
nosotros o nuestros hijos tengamos que vivir en un lugar en el que no hay libertad.
2.- Apelar en estas circunstancias a “la voluntad de los vascos”
para la sustitución del Estatuto de Autonomía de Gernika
por una carta de secesión, no es sólo ilegítimo,
sino antidemocrático e inmoral. La voluntad de los vascos es también
la voluntad de todos los que hemos sido empujados a marcharnos y constituimos
la Euskadi peregrina. Sin libertad es imposible conocer cuál
es la voluntad de los ciudadanos. Hoy se está manipulando y
usurpando esa voluntad cuando se obvia el miedo que rezuma la sociedad vasca
y se silencia –como hace Ibarretxe- la abierta oposición de la
mayoría de la población que aún reside en nuestra tierra
y la de los expulsados. Sólo con la desaparición definitiva de
la violencia y el transcurso, sin terrorismo ni ningún tipo de
amenazas, de un plazo de tiempo suficiente para que regresemos los
exiliados que así lo deseemos, podrá hablarse con honestidad y
verdad de “la voluntad de los vascos”.
3.- El Gobierno Vasco y los partidos nacionalistas se han preocupado
hasta la obscenidad de los presos terroristas que no cumplen condena en el País
Vasco, de las familias que tienen que desplazarse fuera de nuestra comunidad
para visitarlos, de dar amparo a Batasuna y evitar toda medida orientada a derrotar
a ETA, pero no han hecho nada para impedir que nosotros nos
tuviéramos que marchar, ni para facilitar nuestro regreso, ni para permitirnos
el ejercicio de nuestros derechos políticos en la Comunidad de la que
nos han echado. Y no sólo no han hecho nada ante la dramática
realidad de este exilio vasco, sino que lo han aprovechado
para ocupar totalitariamente la sociedad vasca.
4.- Denunciamos la ilegitimidad que desde un punto de vista
democrático supone el modo en el que se ha configurado el actual mapa
político del País Vasco, donde no sólo toda la oposición
tiene que ir hoy escoltada y no disfruta de las mismas condiciones para hacer
valer su mensaje en la pugna política, sino donde no estamos porque el
terror en sus formas más sutiles y más groseras nos ha eliminado.
El censo electoral vasco ha sido gravemente alterado por procedimientos
terroristas y coactivos, lo que afecta de raíz a todo el proceso político.
5.- Nos oponemos, mientras
el terrorismo siga trampeando los resultados de las urnas y produciendo efectos
distorsionantes sobre el censo electoral, a cualquier reforma del Estatuto
de Gernika que no esté consensuada por todos los partidos democráticos.
6.- Reclamamos nuestro derecho,
recogido en el artículo 19 de la Constitución, a "elegir
libremente nuestra residencia y a circular por el territorio nacional"
así como a que la decisión de volver al País Vasco o permanecer
fuera de él sea libre, como corresponde a los ciudadanos de un país
democrático.
7.- El problema del País
Vasco no es de paz sino de libertad. Una ausencia de libertad
que hace peligrar la vida de quien exprese ideas contrarias al proyecto nacionalista.
Y tal problema no se queda sólo en el terrorismo sino que llega a la
solapada discriminación ideológica y etnocultural en
todos los ámbitos de la vida diaria, así como al "apartheid"
expresamente lingüístico en el funcionariado docente condenado a
engrosar el éxodo vasco de estos últimos años. Por ello
exigimos también el cumplimiento del derecho, explicitado en el Artículo
6º del Estatuto de Gernika, a que "nadie podrá ser
discriminado por razón de la lengua".
8.- Animamos a todos los ciudadanos vascos residentes fuera del País
Vasco a unirse a nosotros en la defensa de nuestros derechos y en la lucha
por la dignidad, la libertad y la democracia que se ve atropellada
a diario en la tierra que tuvimos que dejar.
9.- Finalmente,
queremos agradecer a todas las regiones de España la
acogida solidaria que nos han brindado cuando dejamos nuestra tierra, haciéndonos
partícipes del calor y la fuerza de unas costumbres y tradiciones que
revelan la vigencia de esta cultura común y secular que nos fortalece
a todos y que a todos nos aúna. Esa realidad cultural, histórica,
lingüística, sociológica y política que ha hecho que
ninguno de nosotros nos sintiéramos nunca inmigrantes, sino ciudadanos
de pleno derecho, es España.
En Madrid,
26 de febrero de 2005